Un debate centrado en “ricos” y menor recaudación

Un debate centrado en “ricos” y menor recaudación El gobierno ha permitido que la oposición saque ventajas exacerbando los riesgos del proyecto sobre.

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Un debate centrado en “ricos” y menor recaudación El gobierno ha permitido que la oposición saque ventajas exacerbando los riesgos del proyecto sobre reactivación, cuando lo indispensable es que no se pierda el foco de que es una iniciativa para reactivar el crecimiento y no para recaudar. Hábilmente, la oposición ha buscado encuadrar el proyecto de ley sobre reconstrucción y desarrollo social que ha presentado el gobierno como una reforma tributaria encubierta que solo beneficia a los más “ricos”, y que los menores ingresos fiscales producto de la reducción de impuestos implicará un costo que tendrá que absorber la población por la vía de ver reducidos una serie de derechos, sin que exista ninguna certeza de que los supuestos beneficios en materia de empleo y crecimiento se logren materializar.

Así, el debate sobre dicho proyecto ha girado fundamentalmente en torno a los aspectos recaudatorios, así como a los supuestos conflictos de interés que tendrían varios ministros de Estado en la medida que se aprueben cambios que los beneficiarían directamente -atendidos sus altos patrimonios- y las enormes ventajas que en general obtendrían las personas de mayores ingresos del país, lo que por cierto enturbia la discusión de fondo, que es cómo reactivar la economía y generar más empleo. Para que el debate resulte útil es fundamental separar las distintas dimensiones que están involucradas en esta discusión, porque de esa forma la propia ciudadanía puede distinguir en forma más clara las ventajas de la propuesta del gobierno, como asimismo sus complejidades y desafíos.

Por de pronto, es preciso tener a la vista que este proyecto debe verse como un todo, tal que la mayor parte de las propuestas están en relación con un objetivo mayor, que es acelerar la actividad económica; si se pierde ese foco, el debate inevitablemente se descontextualiza y entonces cada medida aparece como un intento por beneficiar a un sector en particular o como un cambio aislado, perdiendo la perspectiva de que a largo plazo es la sociedad en su conjunto la que aparece beneficiada en la medida que los objetivos reactivadores se logren cumplir. Los aspectos recaudatorios ciertamente son importantes en cualquier debate tributario, pero cabe cuestionar que esta dimensión se busque relevar hasta el punto en que la recaudación aparece como un fin en sí mismo, cayendo en la falacia de creer que el solo hecho de recaudar más impuestos es una medida de bienestar de la sociedad.

Es evidente que si el proyecto del gobierno tiene como uno de sus ejes la reducción temporal o permanente de una serie de impuestos, los ingresos fiscales van a disminuir -lo que desde luego está explicitado en el informe financiero-, y si bien será parte de la discusión legislativa analizar técnicamente estos cálculos, así como sus efectos en la población, es preciso tener presente que esta reforma ante todo no apunta a recaudar más impuestos, sino a cómo reactivar la economía. Por supuesto que no está asegurado que un mayor crecimiento futuro por sí solo logre compensar los menores ingresos fiscales, pero para esa dimensión el debate correcto es cómo cuadrar la caja -es claro que si el Fisco recibe menos ingresos no puede seguir gastando lo mismo, lo que obliga a revisar los programas vigentes y desechar todos aquellos que sean ineficientes-, algo que en modo alguno resulta excluyente con avanzar en reformas que dinamicen el aparato productivo.

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