La madrugada de la primera noche del Festival de Viña 2026, en la Quinta Vergara de Viña del Mar, Matteo Bocelli cerró la jornada con una interpretación de Gracias a la Vida, la canción de la chilena Violeta Parra.
Llegó pasado las tres de la mañana, tras la presentación del humorista chileno Stefan Kramer, y se encontró con parte del público que ya había abandonado el recinto y con una fanaticada entusiasta que permaneció hasta el final. Bocelli presentó un repertorio marcado por la balada romántica, desde su lectura midtempo de Bésame Mucho, hasta temas de su disco más reciente, Enamorarse.
Su versión de Bésame Mucho, apoyada en piano, cuerdas y una guitarra eléctrica que apenas traza frases, mostró una apuesta por la musicalidad antes que por el gesto teatral. El cantante, hijo del tenor italiano Andrea Bocelli, mostró técnica y control vocal, y se permitió bajar entre el público durante Quando, quando, quando, momento en que fue rodeado por seguidores y recibió un ramo de flores.
En el espectáculo no faltaron desafíos cancioneros, como Can’t Help Falling in Love, pieza asociada a Elvis Presley, que Bocelli resolvió con solvencia. A lo largo del set, su militante fanaticada local coreó su nombre y llenó con cantos los intervalos, recordando la tradición de noches donde la balada latina mandaba en Viña.
El cierre con Gracias a la Vida tuvo un matiz simbólico. La canción, compuesta por Violeta Parra, es uno de los emblemas del repertorio folclórico chileno y una pieza republicada y versionada por artistas de todo el mundo. Interpretarla en la Quinta Vergara, frente a una audiencia masiva, funcionó como un gesto de reconocimiento hacia la herencia musical chilena y, según varios asistentes, como un guiño al apoyo que Chile le ha dado en su trayectoria.
Cuando alzó la voz para preguntar ¿Cómo está Viña?, el público respondió con vítores que se mezclaron con la noche fría de la costa. Fue una hora tardía para debutar como solista en ese escenario, pero el show dejó la sensación de un puente tendido entre una figura internacional y un repertorio que habla de memoria y afectos nacionales.
Más allá del lucimiento personal, la elección de cerrar con una canción de Violeta Parra remite a la conversación más amplia sobre cómo los artistas globales dialogan con el patrimonio musical chileno. En un festival que aún funciona como parámetro de identificación cultural en Chile, el gesto de Bocelli hizo visibles esas conexiones y plantó preguntas sobre la recepción y el sentido de las versiones internacionales de canciones que son, antes que nada, patrimonio de un país.
Queda por ver si su paso por la Quinta Vergara tendrá réditos en su relación con el público chileno en próximas visitas, y si otros intérpretes siguen tomando la ruta de mirar hacia el repertorio local como forma de diálogo artístico.