El País fue el primer periódico de España en incorporar el Defensor del Lector en 1985, un cargo ajeno a la producción de noticias cuya misión es rendir cuentas por los errores y aclarar cómo se elaboraron las informaciones. Un episodio de 1994 ilustra su función. Un administrativo llamado Juan Carlos Olmo afirmó haber leído en EL PAÍS que José Bonaparte, conocido también como Pepe Botella, había muerto en Canadá; resultó que José I murió en Florencia. En aquel momento, la defensora del lector de EL PAÍS era Soledad Gallego-Díaz, quien respondió que la responsabilidad del diario era aclarar la información y, si era necesario, invitar a las partes para revisar la historia. La rapidez con la que se trabaja en un diario hace prácticamente imposible garantizar la comprobación y confirmación de todos y cada uno de los detalles de una información, sentenció la futura directora en una columna que tituló: “EL PAÍS debe una cena”. Este fragmento, más que una anécdota, es la esencia de por qué existe el Defensor del Lector: un periodista ajeno a la producción de noticias que arbitra entre la redacción y el público, la intersección más esencial del oficio. En 1985, poco antes de cumplir los 10 años, EL PAÍS decidió institucionalizar este cargo, presente en los mejores periódicos anglosajones, pero entonces inédito en la prensa española, donde hoy existen cuatro defensores. Es una figura que se instituye para garantizar los derechos de los lectores, explicaba Ismael López Muñoz, primer Defensor del Lector en España, cuando se anunció la creación del puesto. EL PAÍS ha mantenido esta práctica a lo largo de 41 años y 16 defensores, que cada 15 días publicaban una columna donde resumían la correspondencia recibida en ese periodo. Para el lector, significa que el diario va a responder de forma pública por sus errores; para los periodistas, es un recordatorio constante de para quién escriben y qué fallan cuando escriben. En Chile, la conversación sobre un ombudsman en los medios también ha ganado interés últimamente, y este modelo podría fortalecer la confianza entre público y prensa, especialmente en un entorno informativo marcado por la rapidez y la circulación de desinformación. En síntesis, la trayectoria de EL PAÍS con su Defensor del Lector ofrece lecciones sobre responsabilidad editorial, transparencia y diálogo con la audiencia, principios que deben guiar a los medios latinoamericanos hoy.
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El Defensor del Lector de El País: 41 años de preguntas y correcciones
Camila TorresPeriodista cultural. Cubre cine, música, series, gaming y las tendencias que definen la conversación.•
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El País fue pionero en España con el Defensor del Lector en 1985; su función es corregir errores y dialogar con el público, como muestra un episodio de 1994.