La minera canadiense Lundin Mining anunció la compra de participaciones adicionales en dos activos de la Región de Atacama, Chile, por un total de US$215 millones y con cierre previsto en abril de 2026. La operación fue informada ante la bolsa de Vancouver y ya recibió el visto bueno del directorio de Lundin.
Según los contratos comunicados por la compañía, Lundin adquirirá un 5% adicional de SCM Minera Lumina Copper Chile, la firma propietaria de la mina a cielo abierto Caserones, lo que eleva su participación en ese yacimiento desde 70% a 75%. Además, comprará aproximadamente 30,9% (31%) del Proyecto Los Helados, un yacimiento de cobre y oro operado por NGEx Minerals y localizado a unos 17 kilómetros al sur de Caserones y a cerca de 10 kilómetros al norte del proyecto binacional Vicuña, que Lundin desarrolla con BHP en Argentina. NGEx Minerals es la empresa operadora del proyecto y mantiene el 69,1% restante.
Jack Lundin, presidente y CEO (director ejecutivo) de Lundin Mining, dijo en el comunicado que "asegurar una propiedad adicional del 5% en Caserones y adquirir el 31% del Proyecto Los Helados marca otro paso significativo en el fortalecimiento de Lundin y la cartera de cobre de la compañía en el emergente Distrito Vicuña". Lundin calificó la inversión como una forma de aumentar su producción atribuible a un precio de adquisición atractivo.
En términos concretos, la compañía calcula que la producción atribuible de cobre aumentará desde 6.500 a 7.000 toneladas en 2026, un alza de 500 toneladas, aproximadamente 7,7% respecto a la cifra previa. Cuando se habla de producción atribuible se refiere a la porción de producción total que corresponde al porcentaje de propiedad de Lundin en cada activo.
El movimiento refuerza la presencia de Lundin en el llamado Distrito Vicuña, una zona estratégica por su concentración de depósitos y la cercanía entre proyectos. Para Chile, que depende fuertemente de la industria del cobre, operaciones como esta significan mayor control por parte del inversionista sobre planes operativos y de inversión, lo que puede traducirse en ajustes en la producción, contratos de servicio local y efectos en la recaudación por regalías y aranceles, aunque esos impactos concretos aún dependerán de las decisiones posteriores de la compañía y de los plazos de cierre.
La transacción está anunciada y aprobada internamente, pero su cierre formal está programado para abril de 2026, por lo que habrá que seguir la evolución del proceso y las condiciones finales de pago y transferencia de participaciones. Para los observadores del sector, el detalle a vigilar es cómo esa mayor participación se traduce en decisiones de operación y exploración en Atacama durante 2026 y años siguientes.