La paleobotánica Christine Trevisan, investigadora de la paleoflora meso-cenozoica de la península Antártica y la Patagonia chilena, dijo a Cooperativa que el hallazgo de fósiles idénticos en ambas regiones confirma que en el período Cretácico ambos territorios formaron parte del supercontinente Gondwana. Según Trevisan, no se trata de un paisaje gélido como el actual, sino de bosques diversos que alojaban musgos, helechos, gimnospermas y los primeros linajes de plantas con flores.

Trevisan explicó que en la Antártica del Cretácico, hace aproximadamente 80 a 90 millones de años, se documenta el surgimiento y la diversificación de las angiospermas, las plantas con flores que hoy dominan los paisajes vegetales. "Estamos hablando de bosques muy diversos, con musgos, con pteridofitas, con gimnospermas —que son las plantas con semillas como araucarias— y también podemos presenciar en la Antártica, en el periodo Cretácico, la historia del surgimiento de las plantas con flores", dijo la investigadora.

La explicación paleogeográfica que entrega Trevisan es clara: la Antártica estuvo conectada con Australia, Nueva Zelanda y América del Sur en el corazón de Gondwana, y por eso actuó como un corredor y refugio de especies. Esa continuidad tectónica y biogeográfica permite entender por qué en rocas de la Patagonia aparecen las mismas especies fósiles que en la península Antártica. Para Trevisan, esa coincidencia fósil es evidencia directa de migración y dispersión de floras a escala del hemisferio sur.

El dato tiene eco en la historia natural chilena, porque muchas de las familias vegetales que caracterizan los bosques australes, hoy presentes en la Patagonia y en las islas del Pacífico sur, tienen raíces que pueden trazarse a esos antiguos bosques antárticos. Esa genealogía botánica ayuda a explicar la composición y la resiliencia de ecosistemas como los bosques de araucarias y otros pisos templados del sur de Chile.

Más allá de la reconstrucción del pasado, los hallazgos paleobotánicos aportan a estudios sobre cambios climáticos antiguos, rutas de migración de plantas y la evolución de la biodiversidad en el hemisferio sur. Trevisan señaló que el registro fósil seguirá aportando pistas, pero que hacen falta más muestreos y dataciones precisas para acotar tiempos y movimientos de especies. La continuidad entre Antártica y Patagonia no solo es una lección de geología, sino una pieza clave para comprender el patrimonio natural del sur de Chile y sus posibles respuestas frente a cambios ambientales futuros.