La Conferencia Episcopal, en el documento Cor ad cor loquitur, expresó su preocupación por lo que define como un "bombardeo emocional" en experiencias religiosas que, según el texto, pueden terminar en abuso espiritual.
El escrito, difundido por la propia Conferencia Episcopal según la nota original, alerta contra movimientos y formatos que privilegiarían el impacto afectivo sobre la formación doctrinal y espiritual. Entre los ejemplos que menciona figuran retiros llamados Effetá, Emaús y Bartimeo, cursos Alpha, y realidades menos institucionalizadas como Hakuna, además de referencias a agrupaciones previas como Iesu Communio y a escándalos identificados como el de las HAM.
Los obispos celebran el "renacer en la fe" que detectan en gran parte de estos fenómenos, que describen como un soplo de aire fresco para la Iglesia. Sin embargo, advierten de inmediato sobre el riesgo de un primer contacto basado exclusivamente en la emoción, y de que ese enfoque transforme a muchas personas en "consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual", dice el texto.
Según el documento, prácticas de fin de semana que generan vivencias intensas y secretas pueden conducir a decisiones apresuradas, como conversiones radicales o ingresos inmediatos a conventos y seminarios en casos extremos. Por eso los obispos demandan discernimiento y regulación interna, para evitar la "absolutización de la afectividad" que, a su juicio, obstaculiza el crecimiento espiritual.
El mensaje presta especial atención a la llamada generación Z, a la que atribuye mayor vulnerabilidad frente a formatos emotivistas que prometen experiencias profundas en poco tiempo. La Conferencia Episcopal sostiene que esas dinámicas requieren controles y criterios de acompañamiento más claros por parte de las diócesis y movimientos implicados.
Fuentes eclesiásticas consultadas por la nota original subrayan que el documento no detalla medidas concretas ni un calendario de implementación, y que corresponde ahora a las distintas jurisdicciones eclesiásticas decidir mecanismos de supervisión o formación. Tampoco la nota precisa a qué Conferencia Episcopal nacional pertenece el texto, hecho que la propia fuente original no aclara.
En lo inmediato, el llamado de los obispos es a regular y discernir las emociones en la vida espiritual, evitando que la intensidad afectiva reemplace la transmisión pausada de la fe. El próximo paso, según voceros eclesiales citados en la nota, sería que las conferencias y las diócesis discutan normas y orientaciones para retiros y cursos que congregan a jóvenes, con el objetivo de proteger la libertad y la madurez espiritual de quienes participan.