La periodista y activista feminista española Karmele Marchante reapareció hace unas semanas en Telecinco como invitada estelar en España, pero dejó claro que no piensa retomar su carrera en los programas de cotilleos: hace 10 años salió de Sálvame dando un portazo y hoy asegura que “el corazón es una etapa que ya está cerrada”.

Marchante, nacida en Tortosa, Tarragona, y que cumplirá 80 años en septiembre, habló sin rodeos sobre el costo personal de aquella época. Dice que no ve la tele desde que se fue de Sálvame, salvo el telediario y en diferido la telenovela de Televisión Española, La promesa, de la que confiesa estar “colada”. También reivindica su papel como activista: mantiene vivo El Club de las 25, el grupo feminista que fundó en 1994.

En la conversación recordó que en los noventa y los 2000 fue de las pocas voces feministas dentro de la prensa del corazón, y que eso la aisló. “Me sentía muy sola. No pegaba ni con cola. Lo pasaba fatal y volvía a mi casa llorando”, dijo, y agregó que con el tiempo comprendió que en televisión sufrió una forma de violencia profesional, ligada a ser mujer y a ser distinta.

Su relato combina memoria íntima y diagnóstico público. Critica a la prensa del corazón por carecer de conciencia de género, “porque es más cutre”, y confiesa la otra cara del backstage: “He dado mucho consuelo y muchos ‘lexatines’ en los baños de la tele”, frase que remite a la dimensión humana y afectiva que se esconde tras la parafernalia del estudio.

La trayectoria de Marchante va más allá de la tertulia rosa: fue reportera en Informe Semanal, trabajó en las revistas Interviú y Tiempo, y colaboró con figuras como Luis del Olmo, María Teresa Campos y El Gran Wyoming. Ese recorrido explica por qué hoy prefiere la actualidad a la crónica del corazón y por qué afirma no tener prisa por volver a la pantalla, pese a que, según ella, las puertas en Telecinco están abiertas.

Su retorno puntual obliga a pensar en la relación entre medios y feminismo en España y en América Latina. La figura de Marchante recuerda que la visibilidad no basta si no se revisan las prácticas internas de los programas y las narrativas que reproducen estereotipos. Para ella, la reparación fue salir y nombrar lo que pasó, y su decisión de no celebrar cumpleaños sigue siendo un gesto de coherencia personal.

Queda, por ahora, la incógnita sobre próximos pasos profesionales. Marchante insiste en que lo suyo es la actualidad y el activismo; su reapertura al debate público puede leerse como una invitación a que las voces feministas ocupen otros formatos, distintos a la prensa rosa, con mayor capacidad crítica y menos exposición degradante.