La ministra vocera de Gobierno, Camila Vallejo Dowling, respondió esta semana a la polémica por el pago del bono PMG vigente desde 1998 al Presidente Gabriel Boric Font. Vallejo sostuvo que el beneficio es una norma de larga data y rechazó que su entrega implique un aumento ilegal de sueldo.
Vallejo recordó que el pago existe desde finales de los años 90 y que también se entregó en gobiernos anteriores, entre ellos los de Sebastián Piñera Echenique, Michelle Bachelet Jeria y Ricardo Lagos Escobar. Señaló que la controversia actual tiene una intencionalidad política y que parte de la discusión se basa en desinformación y omisiones legales. En sus palabras, "No hay nada más falso que eso" respecto a la idea de que el presidente se subió el sueldo.
La vocera enfatizó la comparación entre las remuneraciones. Afirmó que el presidente Gabriel Boric es quien ha recibido la menor remuneración entre los mandatarios recientes y que el futuro presidente José Antonio Kast Rist recibirá una remuneración mucho mayor. Vallejo acusó que esa información se omite intencionalmente en el debate público.
El antecedente histórico es relevante. El llamado bono PMG, que el Gobierno describe como un complemento regulado por la ley, ha existido desde 1998 y ha sido aplicado en distintas administraciones. Sin embargo, la controversia revela la fragilidad del debate público en un contexto político polarizado y la sensibilidad ciudadana frente a cualquier percepción de privilegios en la élite política.
Quienes critican al Ejecutivo subrayan que, más allá de la legalidad, la comunicación sobre remuneraciones debería ser más transparente. Para los ciudadanos, el foco es la confianza y la explicación clara de qué cubre el bono y cómo se aplica. En ese sentido, la discusión puede derivar en pedidos de mayor información pública, y eventualmente en iniciativas para revisar la normativa o reforzar la fiscalización.
En este momento no hay cambios normativos anunciados por el Gobierno ni un trámite legislativo concreto. La polémica, en cambio, quedó instalada en la agenda pública y obligará a las instituciones a dar más claridad sobre cómo se determinan las remuneraciones presidenciales y qué impacto real tienen en las cuentas públicas.