Crisis de fondo y violencia escolar: cuando los adultos abandonan su puesto 22.04.2026 22.04.2026 El autor de esta columna comenta las medidas que se discuten públicamente para atacar la violencia en el sistema escolar. Dice que la clave está en recuperar la autoridad de los docentes desde el conocimiento, y que instalar, por ejemplo, pórticos detectores de metales puede ser cotraproducente porque «su mal uso puede deteriorar el ambiente escolar y la confianza en las instituciones.
Cuando se emplean de forma indiscriminada contra diferentes tipos de violencia escolar, resultan poco efectivos; quizás sirvan como una señal pasajera o una medida disuasoria puntual. Pero solo eso: un componente externo, secundario, que no aborda las causas profundas ni es adecuado para la mayoría de las conductas violentas».
Imagen de portada: Pablo Ovalle / Agencia Uno Cada vez que ocurre un acto de violencia en un colegio o universidad chilena, el ciclo se repite con una frecuencia casi automática. Primero, las imágenes: un pasillo cubierto de sangre, una profesora caída, bombas molotov frente a un liceo emblemático.
Luego, llegan los titulares y la indignación, generando pánico moral. Posteriormente, se anuncian medidas como pórticos detectores de metales, revisión de mochilas, penas agravadas y más cámaras de vigilancia.
Finalmente, tras unas semanas, todo vuelve a la calma —hasta que sucede otro episodio—. Este ciclo va más allá de simples problemas de comunicación, de gestión de crisis y de reparación de daños colaterales.
