Del riesgo digital al poder digital En los últimos días se ha instalado con fuerza una idea que hasta hace poco parecía lejana: la dependencia digital ya no es solo un problema técnico, sino un riesgo estratégico. La advertencia es correcta, pero es incompleta.

Chile ha construido una de las economías digitales más avanzadas de América Latina. Con altos niveles de conectividad, adopción tecnológica y servicios digitalizados, el país aparece en rankings internacionales como líder regional.

Sin embargo esta fortaleza es, al mismo tiempo, su principal vulnerabilidad: la mayor parte de esa capacidad descansa sobre infraestructuras, plataformas y servicios que no controlamos. La analogía con la crisis del petróleo de los años 70 es pertinente.

En ese entonces, el mundo comprendió que la dependencia energética podía paralizar economías enteras. Hoy, la dependencia digital de datos, de infraestructura en la nube, de plataformas y de inteligencia artificial reproduce esa misma lógica, pero con un alcance aún más profundo.

No se trata solo de producción o transporte, sino de la operación cotidiana del Estado, la economía y la sociedad. El diagnóstico es claro: Chile es digitalmente avanzado, pero estructuralmente dependiente.