Perú define a su próximo presidente voto a voto, en una elección que ya se instala como una de las más estrechas de su historia reciente, incluso más que la del 2021. Tras más de una década marcada por la inestabilidad —con el infame dato de nueve presidentes en 10 años— el país busca una fórmula que le devuelva gobernabilidad.
Sin embargo, la fractura social, polarización política y desconexión territorial se expresa con crudeza en las urnas definiendo la contienda electoral. El “sorpasso”: el detalle del sistema peruano Con el 96% de las mesas escrutadas, el candidato de izquierda, Roberto Sánchez, lidera con una ventaja de apenas 0,056%, es decir, menos de 20 mil votos sobre Keiko Fujimori.
Un margen mínimo, que refleja no solo lo ajustado de la contienda, sino también la incertidumbre total sobre el resultado final. De hecho, hasta el 91% del conteo, era Fujimori quien encabezaba la elección, cerca de lograr el “sillón de Pizarro” en su cuarto intento.
En las primeras horas, la tendencia parecía consolidarse a favor de la hija del exdictador y presidente Alberto Fujimori. Sin embargo, en los últimos conteos ese objetivo nuevamente comenzó a alejarse progresivamente hasta que se produjo el llamado “sorpasso”, el momento en que Sánchez supera a Fujimori.
Un fenómeno que no es casual, sino que responde a la propia estructura del sistema electoral peruano y a la geografía política del país. La explicación está en el orden en que se procesan los votos.