El fútbol chileno entra en su año de mayor presión institucional El fútbol chileno atraviesa una crisis que ya no se puede leer solo desde los resultados, los arbitrajes o las campañas irregulares de sus clubes más importantes. En 2026, la discusión pública se ha trasladado hacia los directorios, las sociedades anónimas, los conflictos de interés y la capacidad real de la ANFP para ordenar un sistema que lleva años acumulando tensiones.
Los clubes grandes abren un nuevo ciclo El movimiento más visible ocurrió en la Universidad de Chile cuando Michael Clark dejó la presidencia de Azul Azul después de un periodo marcado por cuestionamientos a su gestión y por investigaciones vinculadas a la Comisión para el Mercado Financiero. Su salida abrió paso a Cecilia Pérez, primera mujer en asumir el mando del club, en un momento en que la institución necesita recuperar estabilidad, influencia y confianza.
La U no es un caso aislado, ya que la Universidad Católica cerró el ciclo de Juan Tagle y abrió la etapa de Matías Claro, mientras Colo Colo atraviesa otra disputa por el control de Blanco y Negro, con Aníbal Mosa buscando consolidar su poder accionario. Así, los tres clubes más populares llegan a este periodo con directorios en movimiento y una Federación que también deberá renovar su liderazgo.
La reforma que cambia las reglas del juego La reforma a la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales busca modificar una estructura criticada por su falta de transparencia, sus vínculos cruzados y la distancia entre propietarios, dirigentes e hinchas. Según informó el Ministerio del Deporte, la Cámara aprobó el proyecto el 25 de marzo de 2026, con 148 votos a favor y una abstención.
La norma apunta al fin de la multipropiedad, a la separación entre Federación y ligas profesionales, a la identificación de beneficiarios finales y a mayores exigencias de información financiera. El Senado también destacó que el proyecto busca fortalecer la integridad deportiva y la fiscalización.