La Agencia Espacial Europea (ESA) publicó esta semana una imagen satelital de la misión Copernicus Sentinel-3 que permite ver, en tonos rojos y morados, el fenómeno que golpea al continente desde hace semanas: el "domo de calor" que ha dejado cientos de muertos en Europa. Según informó BioBío Chile, la fotografía fue captada el 23 de junio por la mañana y registra temperaturas superficiales de hasta 55°C en zonas de España, el oeste de Francia y el norte de África.

Un domo de calor ocurre cuando un sistema de alta presión atmosférica atrapa aire caliente sobre una región durante días seguidos, sin permitir que se disipe. Es, en términos simples, como una olla con tapa: el calor se acumula desde el suelo y no encuentra salida. Las noches no refrescan lo suficiente, los cuerpos no se recuperan, y el riesgo de muerte aumenta especialmente entre personas mayores, enfermos crónicos y quienes no tienen acceso a sistemas de climatización.

Simon Stiell, secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, el organismo de Naciones Unidas que coordina la respuesta global al calentamiento, describió la situación sin eufemismos. "Escuelas que cierran, personas vulnerables que mueren, economías que sudan: así es como se ve la crisis climática en la práctica, y esto apenas comienza", declaró.

La advertencia tiene respaldo en la historia reciente. La ola de calor europea de 2003 causó más de 70.000 muertes según estimaciones recogidas por la OMS, la Organización Mundial de la Salud. La de 2022 sumó otras 61.000 en todo el continente, de acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Nature Medicine. Lo que cambia hoy es la frecuencia: episodios que antes ocurrían cada varias décadas ahora se repiten en intervalos de pocos años, una tendencia que los climatólogos atribuyen directamente al aumento de las temperaturas medias globales.

Los sensores del satélite Sentinel-3 no miden la temperatura del aire, sino la de la superficie terrestre. Por eso los valores de la imagen superan con creces los registros de los termómetros convencionales. En suelos sin vegetación o con pavimento, esas cifras se traducen en condiciones que hacen imposible el trabajo al aire libre y representan un peligro inmediato para agricultores, personas en situación de calle y quienes pasan largas horas expuestos al sol.

El programa Copernicus, financiado por la Unión Europea, ha convertido este tipo de imágenes en una herramienta de monitoreo que los gobiernos usan para activar alertas sanitarias. Las autoridades meteorológicas europeas siguen la evolución del sistema de alta presión que sostiene el domo para determinar si cederá en los próximos días o si el continente enfrenta al menos una semana más bajo temperaturas extremas.