Reseña de libros: de los cuentos inéditos de Raúl Ruiz a la Odisea en novela gráfica Un volumen de relatos del cineasta de Palomita blanca, inspirado en su infancia en Quilpué y atravesado de imaginación y humor; un ambicioso ensayo de Susan Neiman en torno al mal en el pensamiento moderno, y el poema épico de Homero en formato cómic y estética futurista, en las lecturas de la semana. Corazón de carne y hueso, de Raúl Ruiz (UDP) Un pueblo donde todos los habitantes son el doble de alguien, desde la boletera del teatro, igualita a González Videla, hasta los vecinos del bar que parecen imitadores de cantantes o futbolistas.

Incluso, un periodista que va de visita termina confundiendo sus rasgos con los de un personaje popular. La ciudad de los parecidos abre este conjunto de cuentos que Raúl Ruiz comenzó a escribir en 1975, en Francia, y donde evoca el Quilpué de su infancia.

En ellos la memoria, la imaginación y la fantasía a veces desopilante crea un mundo extraordinario: un pueblo que remite a los años 50, habitado por personajes de provincia, y movido por la lógica del sueño o el absurdo. Allí un congreso de curas, dedicado a la muerte, y otro de laicos dedicado a la salud, compiten como si se tratara de una gincana macabra; Beethoven se pasea por sus calles; Edipo aparece reencarnado en el Cara de Sueño y el Rey de las Sandías, y un un aviador de 9 años emprende una aventura entre las nubes para salvar a un cordero resfriado que va en un globo erostático.

Ruiz ofrece acá un surrealismo criollo, inventivo, pícaro y risueño, atravesado de humor negro. El mal en el pensamiento moderno, de Susan Neiman (Debate) ¿Una historia del pensamiento en torno al mal puede ayudar a reflexionar sobre el presente?, se pregunta Susan Neiman.

Especialista en filosofía moral y política, reconocida por su libro Izquierda no es woke, Neiman entrega un ambicioso y monumental ensayo que parte de una tesis controversial: el problema del mal es la fuerza motora del pensamiento moderno. Es decir, la pregunta filosófica más importante no sería epistemológica sino ética; no tanto qué puedo conocer, sino cómo puede tener sentido un mundo gobernado por el sufrimiento y el mal.