Después de que a Daniela la detuvieran al interior de la cárcel de Punta Arenas, no le quedó otra opción que sentarse frente a GendarmerÃa y declarar. Las razones eran obvias.
Entre medio de sus carpetas tenÃa dos celulares y un cargador que iban directamente a las manos de un interno, José Navia Riquelme. Daniela iba confiada, o eso acusó el tribunal en su audiencia de formalización.
Bajo su rol de trabajadora social de la DefensorÃa Penal Pública (DPP) de Magallanes, pensó que lo lograrÃa. Otra vez.
Pero cuando el detector de metales sonó y le preguntaron por qué lo hacÃa, respondió que sabÃa que estaba prohibido, pero “no que era un delito”. En su declaración aludió que no tenÃa otra opción.
Que después de entrevistarse con el interno Navia Riquelme, sintió miedo. âCuando yo le digo que no, él me señala que sabe dónde yo vivo, que conoce a mi familia, como en tono de amenaza âconfesó la trabajadora social.