El desafío de proteger el empleo regional El reciente informe del INE, que sitúa la tasa de desocupación en un 9,1% —y un preocupante 10,5% en mujeres—, nos obliga a mirar la realidad de las familias en regiones como el Maule, O’Higgins o Ñuble. En este escenario, el debate sobre cómo implementar la reducción de jornada a 40 horas deja de ser un tecnicismo y se convierte en una discusión urgente sobre empleos reales.

Desde la agroindustria apoyamos con total convicción este avance para el bienestar familiar y compartimos el objetivo de que los trabajadores descansen mejor. Sin embargo, el desafío no es la voluntad de contratar más personas para cubrir las nuevas horas libres; el problema es que la agroindustria depende de ciclos biológicos que no se pueden programar en turnos de oficina.

No es un rubro donde basten más contrataciones para resolver el problema, sino de un sector estacional donde una aplicación rígida de la ley arriesga volver inviables los empleos que ya existen. El desafío está en avanzar hacia el destino sin tropezar con la realidad de sectores que no funcionan de manera lineal.

La agroindustria genera alrededor de 295 mil empleos directos e indirectos, concentrados en las regiones con mayor vulnerabilidad laboral. En muchas comunas, una planta es el empleador formal más importante, el que contrata mujeres, temporeros y familias enteras.

El problema es que esas temporadas no se pueden mover en el calendario: la fruta madura cuando madura y las líneas de proceso no pueden parar tres días porque llegó el peak de cosecha. No es una cuestión de voluntad empresarial; es biología y logística.