Licencias médicas: el riesgo de petrificar el Estado El mito del rey Midas, que pidió poder convertir todo lo que tocara en oro y que terminó rogando a Dionisio que lo librara de ese don cuando notó que no podía comer ni beber e incluso convirtió accidentalmente a su hija en una estatua, nos enseña que, aunque valioso, no todo debe transformarse en oro. Este “efecto Midas” se asoma en el debate sobre el proyecto de ley de licencias médicas.

Al discutirse la incorporación de un período de carencia de dos días para los funcionarios públicos, algunos han querido instalar una premisa preocupante: que un beneficio estatutario específico, vigente desde hace más de sesenta años, constituye un derecho intocable. En otras palabras, se sostiene que racionalizar el diseño del subsidio por incapacidad laboral para los funcionarios públicos sería inconstitucional por implicar una regresión respecto de sus actuales beneficios.

Sin embargo, esa conclusión carece de un sustento jurídico sólido. Nuestra Constitución no consagra expresamente un principio general de no regresión de los derechos sociales que impida al legislador modificar hacia el futuro prestaciones creadas por ley.

Tampoco puede afirmarse que dicho principio constituya un límite derivado de los tratados internacionales de derechos humanos, pues se trata fundamentalmente de una construcción interpretativa y no de una regla positiva. De hecho, trató de incorporarse expresamente en los dos procesos constitucionales, reconociendo de cierta forma que ello no es parte de la Constitución vigente.

La Carta Fundamental opera, en cambio, bajo el límite del contenido esencial de los derechos y la imposición de una carencia difícilmente puede considerarse una afectación a la esencia del derecho a la seguridad social, especialmente cuando la gran mayoría de los trabajadores del país —los del sector privado— enfrenta actualmente una carencia de tres días en licencias inferiores a once días. Además, el diseño de cero días de carencia genera incentivos que favorecen el riesgo moral.