Perú enfrenta este domingo 12 de abril unas elecciones presidenciales y parlamentarias que podrían marcar un punto de inflexión en su historia reciente. Con un récord de 35 candidatos presidenciales y más de 27 millones de ciudadanos llamados a votar obligatoriamente, el país llega a las urnas en medio de una profunda crisis política, altos niveles de inseguridad y una creciente desconfianza hacia las instituciones.

Más que una simple elección, lo que está en juego es la capacidad del sistema político peruano de recomponerse tras años de inestabilidad. El contexto en que ocurren los comisiones no es menor, en la última década Perú ha tenido ocho presidentes, reflejo de un sistema político altamente volátil y fragmentado.

La relación entre el Ejecutivo y el Congreso ha estado marcada por la confrontación constante, destituciones y crisis institucionales recurrentes. A esto se suma un dato preocupante, más del 70% de los ciudadanos declara no confiar en la democracia, lo que convierte esta elección en un termómetro del nivel de desgaste del modelo político.

En este escenario, la presencia de 35 candidatos no solo dificulta el análisis, sino que también evidencia una crisis estructural de representación. No hay liderazgos dominantes ni coaliciones sólidas y las preferencias están altamente dispersas.

De hecho, ningún candidato se acerca al 50% necesario para ganar en primera vuelta, ni siquiera logran rozar el 20%, lo que hace prácticamente inevitable un balotaje en junio. Pero incluso definir quiénes pasarán a esa segunda vuelta es hoy una incógnita.