La llegada de esta proteína premium está a cargo de South Wind S.A. como únicos importadores en el país de Thunnus Orientalis y se concreta a través de un modelo basado en trazabilidad, excelencia técnica y valor gastronómico, posicionando al país como puerta de entrada regional para productos del mar de alto nivel.
En el marco del mes de los océanos, instancia que invita a reflexionar sobre el vínculo entre alimentación, recursos marinos y responsabilidad productiva, Chile suma una nueva propuesta premium a su escena gastronómica: el atún aleta azul (Bluefin), una de las especies más valoradas a nivel internacional por su calidad, textura y versatilidad culinaria. La iniciativa es liderada por South Wind S.A., empresa chilena con 32 años de trayectoria en el desarrollo de productos del mar con valor agregado, que concreta así un primer movimiento en Latinoamérica para introducir esta proteína bajo un enfoque de exclusividad, control de origen y altos estándares internacionales.
La incorporación del atún aleta azul se realiza en alianza con Bluefiná, compañía con más de 27 años de experiencia y presencia en más de 30 países, reconocida por su dominio técnico, su red global de producción y su foco en procesos altamente exigentes, donde todas sus operaciones cuentan con certificación Friend of the Sea y prácticas de ganadería marina sustentable. Esta colaboración permite asegurar trazabilidad completa, control sanitario riguroso y una propuesta alineada con las demandas de los mercados gastronómicos más sofisticados del mundo.
Más que una nueva proteína, el atún aleta azul representa una estrategia de posicionamiento para el mercado chileno, orientada a segmentos especializados como restaurantes de alta gama, hoteles, chefs profesionales, experiencias culinarias y formación gastronómica. La propuesta no se limita al producto en sí, sino que incorpora conocimiento, cultura y técnica, a través de instancias como ronqueos, masterclasses y experiencias educativas que conectan el origen del alimento con su uso en cocina profesional.
En una industria donde la conversación sobre los océanos suele centrarse en la escasez y la presión sobre los recursos, esta incorporación pone el foco en cómo se hacen las cosas: qué estándares se aplican, qué controles existen y qué tipo de valor se construye a partir del mar. En el caso de los productos listos para consumo o destinados a gastronomía de alto nivel, la exigencia en materia de inocuidad, trazabilidad y consistencia no es opcional, sino estructural.