Totoy Zamudio, un hombre a colores Acaba de lanzar un sitio web con algunas de sus obras a la venta. Influido en sus inicios por Matta y Picasso, el pintor chileno se define hoy como colorista y vitalista.

Su método semeja la improvisación del jazz y se considera un outsider del arte conceptual que impera en la escena local. Estas son otras de sus definiciones.

Que es chileno, que nació en 1972, que es pintor, que en los años 90 abandonó Ingeniería para estudiar Artes Plásticas, que en 2000 ganó el primer lugar de “Arte en vivo” del Museo de Bellas Artes, que ha participado en exposiciones individuales y colectivas desde 1998, que en abril montó “Y dos y tres es su nueva contraseña, ¿quiere guardarla en el dispositivo?”, su más reciente exposición, en la galería La Sala de Vitacura. Que es autor de murales para inmobiliarias y centros comerciales, que acaba de abrir su propio ecommerce para vender sus obras.

Que tiene un máster en Animación Digital en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, que sus pinturas se han etiquetado bajo el paraguas del Art Brut, aunque, dice, nunca vio nada de Jean Dubuffet. Que su obra se caracteriza por una línea intuitiva, de color intenso, figuras reconocibles y un imaginario muy personal, con unos protagonistas llamados “los monos”, que lo han convertido en uno de los pintores chilenos más singulares de su generación.

Todas esas cosas se saben de Totoy Zamudio. Estas otras se saben un poco menos: que, cuando todavía era un estudiante universitario, arrendaba los cuadros que pintaba para ornamentar los sets de un programa de Rafael Araneda en TVN; que, alguna vez en el Museo Reina Sofía de Madrid, se pasó cuatro horas viendo el Guernica de Picasso, uno de los nombres capitales por los que se dice influido, además de Matta y Miró; que atesora CDs de los grupos del sello noruego Jazzland; que está próximo a lanzar un libro.