Pedro Almodóvar está de regreso en los cines con su película "Amarga Navidad", la cual nos vuelve a traer al cineasta español más íntimo e introspectivo en un relato sobre el proceso creativo, donde lo más difícil siempre está en separar la ficción de la realidad. Tras su paso por el Festival de Cine de Cannes, esta nueva obra vuelve a ser un autorretrato sobre la creación, siendo tan personal para Almodóvar como lo fue la gigantesca "Dolor y gloria" en 2019.
Si en aquella oportunidad Antonio Banderas funcionaba como un alter ego del cineasta, ahora es el turno de Leonardo Sbaraglia de dar vida a este retrato nada de complaciente ni amable, pero sumamente honesto. Acá hay dos historias que corren en paralelo, en plan película dentro de una película.
En una tenemos a "Elsa", directora de cine convertida en publicista luego de que sus largometrajes fracasaran y se transformaran en obras de culto, quien en 2004 sufre ataques de pánico al cumplirse un año desde la muerte de su madre. Nunca guardó el duelo y ni siquiera su pareja, el bombero y stripper "Bonifacio" (Patrick Criado), resulta salvación suficiente en este tiempo de crisis.
Mientras que, en la otra historia, nos trasladamos hasta 2026 para conocer a "Raúl" (Sbaraglia), un laureado cineasta y guionista enfrentado a un momento clave del ciclo creativo de todo artista: vivir de su legado o seguir creando. Los colores vuelven a ser otro gran protagonista, como siempre lo han sido en la obra del español.
(Foto: WB Pictures Chile) La conexión entre ambos arcos narrativos no tarda en ser revelada y, entre alter egos de alter egos, se nos presenta un estudio sobre el proceso creativo donde la línea entre ficción y realidad es ínfima. Almodóvar abraza la autoficción en este espejo de sí mismo, donde evita la autocomplacencia y, más bien, aborda la creación como un asunto serio en el que más de alguien puede salir herido con tal de alcanzar la meta.