La reconstrucción de Ángela Vivanco tras 133 días en la cárcel Hace una semana la exjueza dejó el recinto en que se mantuvo poco más de cuatro meses privada de libertad. Mientras prepara su primera declaración en la causa donde es imputada por cohecho y lavado de activos, trata de adaptarse a su nueva realidad.

Ha estado acompañada principalmente de familiares y de sus dos perras. Pasadas las 11 horas del viernes 12 de junio, la exministra de la Corte Suprema Ángela Vivanco volvió a suspirar aliviada.

A esa hora, a poco más de 13 kilómetros de la cárcel de mujeres de San Joaquín, donde la exjueza completó 133 días privada de libertad, su abogada, la defensora penal pública Patricia Alvarado, confirmaba ante los medios de comunicación que la Segunda Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago había acogido sus alegaciones y modificó la prisión preventiva decretada sobre su representada la investigación de la denominada trama bielorrusa, dictando en reemplazo su arresto domiciliario total. Habían pasado prácticamente cinco meses desde que la influyente exmagistrada no tenía mayores motivos de celebración, pero esa mañana decidió que había razones para al menos compartir un almuerzo distinto con las dos imputadas que habitan con ella en el módulo 7.

Con lo poco que tenían a su disposición, se armó una especie de despedida. Dentro de las limitaciones que tiene el penal, Vivanco encargó una pasta a una especie de economato que mantiene el recinto y comieron juntas.

Acordaron que mantendrían contacto, mal que mal se acompañaron durante semanas de encierro que se les hicieron eternas. Quienes han conversado con la exjueza -imputada por cohecho y lavado de activos- aseguran que salió agotada del recinto carcelario.