Hace pocas semanas, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) de Perú recién finalizó el conteo oficial de los votos de las elecciones presidenciales realizadas en abril. Este hecho -al menos escandaloso-, ha despertado una ola de crÃticas al proceso electoral que llevó a la derechista Keiko Fujimori de Fuerza Popular y a Roberto Sánchez del sector de la izquierda Juntos por el Perú a la segunda vuelta.
Con el 17,1% de los sufragios, Fujimori se instala por cuarta vez en el balotaje con la esperanza de dejar atrás décadas de antifujimorismo. Por su parte, Sánchez con un 12% se impuso por la mÃnima a Rafael López Aliaga (11,9%), el principal crÃtico del desprolijo conteo de votos.
Desde el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) en 2016, Perú entró en una ola de salidas precipitadas de sus presidentes electos. Bajo mecanismos como la incapacidad moral permanente, fueron vacados PPK, MartÃn Vizcarra, Manuel Merino, hasta llegar a Francisco Sagasti.
Luego, resultó electo Pedro Castillo, quien luego de un intento de autogolpe, fue reemplazado por Dina Boluarte, José Jerà y finalmente José MarÃa Balcázar, quien se encuentra en funciones hasta la segunda vuelta del 7 de junio. Al asumir el nuevo gobernante, el Perú completarÃa nueve presidentes en una década, reflejando su inestabilidad polÃtica y la debilidad institucional de la presidencia de la República.
En este contexto, ya antes de la segunda vuelta resultan evidentes los conflictos polÃticos que enfrentará el nuevo mandatario. Apenas se inicie el nuevo mandato, la palabra fraude resonará con fuerza por parte de los opositores del nuevo gobierno.