Una detective de la Policía de Investigaciones (PDI) pasó siete meses trabajando encubierta como trabajadora sexual en las calles de Santiago. Su objetivo era uno: localizar a Clara de las Nieves Morales Oyarzún, conocida en el mundo delictual como "La Chinoska", una mujer acusada de homicidio que llevaba tiempo prófuga de la justicia.
La operación funcionó. La agente se internó en el circuito de prostitución del centro de la capital, el mismo ambiente donde se movía la buscada, hasta dar con su paradero. La historia fue reconstruida por BioBío Chile a partir de registros de prensa y entrevistas que la propia Morales Oyarzún concedió en años anteriores.
Clara de las Nieves creció en la población San Rafael de La Pintana, en la Región Metropolitana. Hija de una prostituta y de un proxeneta, su infancia transcurrió entre golpes y obligaciones criminales. Su padre la agredía a ella y a su madre sin razón aparente. Así lo relató ella misma en una entrevista con la revista The Clinic en 2002: "porque le gustaba". Desde pequeña la forzaron a robar en ferias libres, con cuotas diarias que debía cumplir bajo amenaza de violencia.
A los nueve años presenció su primer homicidio, el mismo día en que le celebraron un cumpleaños. Regresando de uno de esos recorridos callejeros, descubrió a su madre ejerciendo la prostitución en la vereda. Ambas lloraron, recordó años después ante las cámaras de TVN.
Harta de la violencia, abandonó su casa siendo aún menor de edad. Llegó a la Plaza de Armas de Santiago y comenzó a cantar para ganarse la vida. Soñaba con ser cantante. Su voz la conectó con las trabajadoras sexuales que operaban en el centro, quienes se convirtieron en sus amigas. El dinero que juntaba lo destinaba a pagar un cuarto de hotel donde dormir junto a ellas.
El primero de los dos crímenes que se le atribuyen habría ocurrido en una pelea callejera. Varios hombres habían golpeado a su hermano. Ella salió a enfrentarlos, según su propio relato, después de haber mezclado anfetaminas con pisco. La pelea terminó con una puñalada que le comprometió el páncreas y el hígado. Cuando se recuperó, dijo, cobró venganza.
La PDI tardó siete meses en localizarla. Fue el trabajo encubierto de una detective que se internó en su entorno lo que permitió cerrar una búsqueda que las investigaciones convencionales no habían logrado concretar.