Liderada por la académica del Instituto de Biología, Graciela Muñoz, junto a Andrés Illanes de la Escuela de Ingeniería Bioquímica, la publicación pionera en formato digital subió de 2,5 a 3,2 en el índice Web of Science, consolidando el rigor de la Universidad en el ámbito biotecnológico y planteando el desafío de acercar el conocimiento a la sociedad. Un nuevo paso para posicionarse en la elite del conocimiento global, ha dado la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), esta vez de la mano de la revista científica Electronic Journal of Biotechnology (EJB), que logró elevar su factor de impacto en la base de datos Web of Science, avanzando de una puntuación de 2,5 a 3,2.

Este crecimiento de 0.7 puntos no solo refleja un aumento en la relevancia, visibilidad y validación de sus investigaciones por parte de la comunidad científica internacional, sino que demuestra el éxito de una gestión editorial sostenida que posiciona a la PUCV como un referente en biotecnología a nivel internacional. La publicación, de periodicidad bimestral y acceso abierto, posee una trayectoria histórica impecable: fue creada a finales de la década de los 90 y se consagró como una de las primeras revistas exclusivamente digitales en el mundo en ingresar al exigente sistema del Web of Science.

Según explicó Graciela Muñoz, académica del Instituto de Biología PUCV y editora de EJB desde sus inicios, a partir de 2014 la revista es publicada a través de la editorial internacional Elsevier, alianza que ha potenciado notablemente su alcance. «La gestión de la revista se basa en estrategias sustentadas en protocolos de calidad, innovación y eficiencia para maximizar la visibilidad internacional», sostuvo la profesora.

Rigor científico e innovación El ascenso en los indicadores es el resultado directo de “una profunda pasión por la ciencia y un estándar de control sumamente exigente, para transmitir un conocimiento que se ajuste a la verdad”, dijo la profesora Muñoz. Explicó que, dado que la ciencia se basa en la confianza entre autores, evaluadores y editores, su labor es asegurar que esa confianza esté respaldada por la exactitud y la ausencia de fraude o plagio.

Con un comité editorial de prestigio internacional que llegó a contar entre sus miembros de honor al Premio Nobel James Watson –biólogo molecular autor del artículo que proponía la estructura de doble hélice de la molécula de ADN–, la revista aplica un filtro implacable: posee una tasa de aceptación selectiva de apenas el 17%. Cada manuscrito pasa por una revisión formal inicial en menos de 24 horas y un software de detección de plagio.