Óscar Martínez lleva años documentando las grietas de El Salvador. Desde el exilio en México, el periodista y escritor salvadoreño habló en el programa radial Expreso Bío Bío sobre lo que considera una de las realidades más perturbadoras de su país: que Nayib Bukele, presidente de El Salvador con cerca del 80% de aprobación ciudadana, gobierna una sociedad que él mismo describe como no democrática.

"Mi sociedad no es democrática; la gente en El Salvador cree que la violencia debe resolverse a balazos", dijo con una franqueza que sacude cualquier lectura optimista de los números.

El fenómeno Bukele no se entiende sin lo que lo precedió. El Salvador salió de una guerra civil en 1992 y desde entonces fue gobernado, por turnos, por la derecha y por la izquierda. Ambos sectores terminaron con presidentes acusados de corrupción. A eso se sumó la violencia que las pandillas impusieron sobre la población durante décadas, sobre todo la Mara Salvatrucha, conocida como MS-13, y la pandilla Barrio 18.

En ese clima llegó Bukele. "Supo venderse como alguien que no era de los partidos políticos tradicionales cuando la gente ya se había hartado de los partidos políticos", explicó Martínez. Pero el periodista es enfático en que la imagen de outsider es una construcción: Bukele fue alcalde en dos períodos antes de llegar a la presidencia, incluyendo la capital San Salvador, representando a la izquierda histórica del país. "Como buen publicista, se vendió como un hombre impoluto, que no había sido manchado por los políticos del pasado", agregó.

Lo que describe a continuación es más oscuro. Para Martínez, el respaldo masivo al presidente no es solo aprobación política: es una expresión del tejido valórico de la sociedad salvadoreña. "La gente en El Salvador valida la violencia estatal. Creen que alguien que tenga el poder, que sea autoritario, que encarcele masivamente, que atrape sin juicios, que no deje salir a la gente, que prometa que va a torturar a las personas dentro de las cárceles, les gusta ese mensaje", señaló.

Es un retrato sin concesiones. Una sociedad que eligió el orden prometido por sobre la garantía de derechos, y que encontró en el autoritarismo una respuesta al miedo acumulado por décadas de violencia pandillera y abandono institucional.

El propio exilio de Martínez en México da peso concreto a sus palabras. La entrevista también incluyó el análisis de la controversia en torno a la posibilidad de que Bukele continúe en el poder más allá del mandato actual, algo que la oposición salvadoreña y organismos internacionales de derechos humanos han cuestionado como una vulneración del orden constitucional del país.