Cuatro meses después de que Israel y Estados Unidos lo asesinaran en el primer día de la guerra, el ayatolá Alí Jamenei recibirá sepultura en seis días de ceremonias que comenzarán este viernes en Teherán y culminarán en la ciudad de Mashhad, luego de cruzar incluso la frontera con Irak.

El cronograma oficial arranca el viernes con un acto privado reservado para altos cargos del régimen y representantes diplomáticos extranjeros. El sábado y el domingo, el velorio se abrirá al público en la mezquita Mosalla de la capital iraní. El lunes el cortejo recorrerá las calles de Teherán, y el martes los restos serán trasladados a Qom, ciudad santa del chiismo iraní.

La ruta alcanzará su tramo más singular el miércoles, cuando la procesión cruzará hacia el vecino Irak para detenerse en Nayaf y Kerbala, dos de los santuarios más venerados del islam shía. Desde allí, los restos viajarán de regreso a Irán para ser inhumados en el mausoleo del imán Reza, en Mashhad. El recorrido responde tanto al protocolo religioso chiita como a una declaración de identidad geopolítica ante Occidente.

Un despliegue militar de dimensiones históricas acompañará cada tramo de las exequias, en lo que las autoridades iraníes califican como los mayores funerales en la historia del país.

Con todo, la atención no está puesta solo en el difunto. Desde que el Consejo de Expertos lo designó nuevo líder supremo de Irán el 8 de marzo, Mojtaba Jamenei, de 56 años e hijo del asesinado, no ha aparecido una sola vez en público. Los analistas coinciden en que su presencia en las exequias tendría un enorme peso simbólico: sería el momento exacto en que la nación vería formalmente a su nuevo conductor político y religioso.

Ante las consultas periodísticas, el comité organizador respondió que "la información sobre la presencia del líder supremo de la Revolución en esta ceremonia es competencia exclusiva de su oficina". Hasta el cierre de esta edición, la oficina de Mojtaba Jamenei no había emitido ningún pronunciamiento.