La fecundidad como prioridad del nuevo gobierno Durante años, la fecundidad fue tratada en Chile como un dato demográfico más: relevante para especialistas, pero marginal en la discusión pública. Hoy esa mirada resulta insostenible.

Con una tasa global de fecundidad que en 2025 cayó a 0,97 hijos por mujer —según el INE— el país ha entrado en un escenario demográfico inédito. La fecundidad dejó de ser un indicador estadístico para transformarse en un asunto estratégico para el desarrollo.

Las proyecciones son elocuentes. La población chilena crecerá apenas en la próxima década y comenzará a disminuir hacia 2037, mientras el envejecimiento avanzará con rapidez.

En 2035, más de una cuarta parte de la población tendrá más de 60 años; hacia 2070, ese grupo superará la mitad del total. No es solo un cambio demográfico.

Es una transformación estructural que tensionará el sistema de pensiones, el financiamiento de la salud y la base misma del dinamismo económico. En términos simples: ningún país puede sostener su desarrollo si su estructura demográfica deja de respaldarlo.