Un equipo de la Universidad de los Andes, liderado por José Antonio Abell, investigó cómo responderían las construcciones de Santiago a un terremoto originado en la Falla de San Ramón, y presentó una primera etapa de resultados que revelan características del movimiento distintas a las habituales en Chile. El trabajo buscó reproducir, con modelos numéricos, la ruptura de la falla, la propagación de las ondas y la respuesta de las estructuras en la ciudad.

José Antonio Abell, ingeniero civil estructural y académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes, explica que la particularidad principal del escenario es la forma del temblor. "Los movimientos de la falla de San Ramón serían bastante distintos a los que estamos acostumbrados: más intensidad, menos duración y mayor contenido de frecuencia", dijo Abell a la prensa de la casa de estudios. Estas tres características influyen de manera diferente en cómo vibran edificios y viviendas, porque la frecuencia determina si la oscilación coincide con los modos propios de una estructura.

La reproducción del sismo se realizó en varias fases: primero se simuló la ruptura en la falla, luego la transmisión de las ondas sísmicas a través de la corteza terrestre, y finalmente se modeló la respuesta de las construcciones sobre distintos tipos de suelo. Para ello fue necesario recurrir a computación de alto desempeño, que distribuye el procesamiento entre múltiples equipos para resolver los complejos cálculos numéricos.

La simulación arrojó una conclusión inicial que trae tranquilidad técnica: según los códigos de diseño vigentes, las estructuras modeladas no colapsan ante este escenario. Abell subraya que el objetivo actual de la ingeniería sísmica no es solo prevenir el colapso, sino caracterizar cuánto daño y qué funcionalidad perdería un edificio tras un terremoto, propósito conocido como diseño basado en desempeño o niveles de desempeño. Estos niveles permiten distinguir, por ejemplo, entre daño que necesita reparaciones menores y daño que deja una edificación inservible.

Al trabajar con ese detalle aumenta la demanda computacional y la complejidad de los modelos. En la etapa descrita por el equipo, la inteligencia artificial tuvo un papel limitado y se aplicó solo a tareas específicas de procesamiento y optimización de resultados, mientras que las simulaciones físicas se realizaron con métodos numéricos tradicionales respaldados por cálculos intensivos.

Los resultados de esta fase servirán como insumo para estudios posteriores que consideren sismos mayores y distintas condiciones de profundidad y distancia epicentral. En concreto, el grupo simuló un escenario de magnitud 6,7 y plantea ampliar las simulaciones hasta magnitudes cercanas a 7,2 en los próximos años, además de aportar evidencias a la elaboración de normas relacionadas con niveles de desempeño, que supervisa el Instituto Nacional de Normalización (INN) y que buscan complementar los códigos de diseño sísmico chilenos. El equipo informó que continuará usando recursos de computación de alto desempeño y que publicará etapas siguientes a medida que completen las simulaciones.