La seguridad pública exige seriedad. Mucha seriedad.

Porque cuando las familias viven con miedo, cuando niños mueren vÃctimas de la delincuencia y cuando el crimen organizado desafÃa la autoridad del Estado, las palabras de quienes gobiernan pesan más que nunca. Por eso sorprende escuchar al presidente José Antonio Kast calificar como “populista” la idea de sacar militares a la calle para enfrentar la crisis de seguridad.

No porque el debate sobre el rol de las Fuerzas Armadas no deba darse con responsabilidad âdebe darseâ, sino porque fue el propio Presidente quien hizo de esa propuesta una de las banderas más visibles de su campaña. Hace apenas un año, durante la presentación del llamado Plan Implacable, se anunció una Fuerza de Tarea Conjunta con presencia policial y militar en comunas bajo dominio del narcotráfico.

El mensaje era claro: frente al crimen organizado, Carabineros y Fuerzas Armadas actuarÃan coordinadamente para recuperar el territorio. Esa no fue una frase improvisada, sino una promesa programática presentada como una respuesta concreta a la principal preocupación de los chilenos.

Hoy, desde La Moneda, el mismo planteamiento pasa a ser calificado de populista. Entonces cabe una pregunta legÃtima: ¿qué cambió?