La homologación fraudulenta de prestaciones —donde procedimientos simples se cobran como cirugías complejas— opera silenciosamente drenando recursos equivalentes a 10 campañas de la Teletón. El desfinanciamiento dual —licencias falsas y homologaciones fraudulentas— suma pérdidas anuales de US$300 millones.

La homologación de prestaciones médicas —práctica legítima cuando cubre vacíos en el arancel Fonasa para tratamientos innovadores— se ha convertido en un mecanismo de fraude sistémico cuando se utiliza para inflar costos, cobrando procedimientos simples bajo códigos de alta complejidad. Las cifras son preocupantes.

El fraude acumulado por homologaciones irregulares y licencias médicas falsas supera los $700 mil millones de pesos, aproximadamente US$750 millones. Solo el caso de los ‘grandes emisores’ de licencias médicas —formalizado en julio 2025— involucró un fraude directo de $28 mil millones mediante más de 70 mil licencias falsas.

Rodrigo Varela, gerente legal de ALTO INMUNE, advierte que este fenómeno tiene un impacto profundo y dual en el sistema de salud chileno. «Las clínicas investigadas han defraudado montos que superan los $150 millones mediante homologaciones.

Pero lo crítico es que, a diferencia de una licencia falsa que es fácil de detectar, la homologación fraudulenta ocurre dentro de una atención médica que a veces sí existió, pero se cobró bajo un código más caro. Al estar ‘mezclada’ con atenciones reales, las auditorías tardan meses en detectar el sobreprecio», explica Varela.