'Iván y Hadoum', la película que “hace diez años no se podía hacer” y que confía en el poder transformador del cine En 1987, Pedro Almodóvar ganó en el Festival de Berlín el premio Teddy por La ley del deseo. Era la primera vez que se entregaba un galardón que surgía para reconocer aquellas obras que mejor plasmaran la realidad del colectivo LGTBIQ+.
Casi 40 años después, en febrero de este año, una película española volvía a ganar. El debutante en la ficción Ian de la Rosa cogía el testigo del maestro y era reconocido por su debut, Iván y Hadoum, una revisión queer de Romeo y Julieta ambientada en la recogida de tomates en Almería.
Se trataba de un filme en el que el conflicto de clase es más potente que el de la identidad de género de su protagonista, Iván, un chico trans que se enamora de Hadoum. La película de De la Rosa muestra el deseo y los cuerpos trans de una forma sorprendente, sin ahondar en algo que da por superado, y centrándose en otros temas como el machismo inherente en cualquier persona (también en los hombres trans) o las normas capitalistas que nos hacen explotar al siguiente eslabón de la cadena.
Han pasado más de cuatro meses desde aquel premio, y la película acaba de llegar a las salas. En este tiempo, Ian de la Rosa cree que se ha reforzado muchísimo algo en lo que él creía, y es que al final su película “es una historia de amor y un abrazo al espectador”.
Un abrazo que llega en un momento de aumento de los delitos de odio y de la extrema derecha, y por ello el cineasta cree que la gente le está dando las gracias tras los coloquios y las proyecciones, “por hacer una película donde haya luminosidad y esperanza”. “Si hablamos de una historia con personajes trans, con una trama transcultural hispano marroquí, que sucede en el campo almeriense, tenemos unos elementos que te llevan a pensar en un dramón, en una tragedia.