Cinco días después de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el estado costero venezolano de La Guaira, las labores de rescate enfrentan una paradoja: hay operadores de maquinaria pesada de sobra, pero los equipos pesados no llegan.
En Tanaguarena, una de las localidades más afectadas, decenas de trabajadores viajaron desde distintos estados del país respondiendo a llamados de ayuda por falta de personal calificado para operar excavadoras. Al llegar, la realidad resultó ser la opuesta.
"Ando en una comisión de 12 operadores de parte de la alcaldía Andrés Eloy Blanco, del estado Lara, en vista de que nos dijeron que la necesidad que había era de operadores de maquinaria pesada, pero al llegar aquí nos dimos cuenta que todo lo contrario, pues no hay maquinaria pesada", declaró a la agencia española EFE Leonardo Malvasida, operador que viajó desde Lara, al occidente venezolano.
La escasez de equipos responde a varios factores: las pocas máquinas disponibles son de privados que no autorizan su uso libre, otras presentan daños por accidentes menores y varias están paradas por falta de gasoil. "Habemos cantidades de operadores, pero no hay maquinaria pesada y las que hay son privadas, no permiten que las mueva cualquier operador", precisó Malvasida, que llegó a Tanaguarena a la 1:00 del lunes.
El grupo solicitó a las autoridades el envío de equipos pesados, pero solo recibió la instrucción de esperar turno: que otros operadores terminen en los edificios donde trabajan y luego pasen a los siguientes derrumbes.
La demora en desplegar maquinaria fue evidente desde los primeros días. Las víctimas denunciaron que las excavadoras tardaron en llegar, y recién el viernes por la tarde comenzaron a verse algunos equipos en las zonas afectadas, con mayor presencia el sábado.
El desamparo en Tanaguarena tiene rostro propio. Josely Zorrilla, vecina del sector, contó que ella y otros habitantes removieron escombros "con las uñas" en busca de sus familias. Zorrilla ya encontró a su madre y su sobrina "totalmente calcinadas", y una funeraria de La Guaira le cobra 600 dólares para cremar los cuerpos, mientras sigue buscando a su padre y al novio de su sobrina entre los derrumbes.
La lista de obstáculos no termina ahí. "Hay 1.500 trabas: un general por allá tiene cuatro maquinarias y nos dijo que no tenía...", denunció Zorrilla, en una declaración que quedó sin terminar y que retrata el desencuentro entre los damnificados y las autoridades venezolanas cinco días después del sismo.