El desempeño de la economía chilena en los primeros cinco meses de 2026 no se veía desde la crisis subprime de 2009. El Banco Central confirmó esta semana que el Imacec (el Indicador Mensual de Actividad Económica, el termómetro mensual del PIB) cayó 0,9% en mayo, cerrando el período enero-mayo con una contracción promedio del 0,7%. El dato llegó dentro del rango menos malo que anticipaban los analistas, pero no alcanza para disipar la discusión sobre una posible recesión técnica.
Solo en tres momentos previos la economía chilena había encadenado caídas en todos los primeros cinco meses del año: en 1999 (-3,1%), durante la crisis financiera asiática; en 2009 (-2,4%), con el colapso del mercado hipotecario global conocido como subprime; y ahora en 2026 (-0,7%). El año 2020 tuvo un promedio peor (-6,4%), pero no todos los meses fueron negativos: enero y febrero cerraron en azul antes de que la pandemia golpeara.
La razón principal de la baja en mayo fue el desplome de la minería. El sector retrocedió 11,6% en términos anuales y por sí solo le restó 1,5 puntos porcentuales al Imacec, la mayor incidencia negativa del mes. La producción de bienes en su conjunto cayó 4,7%, determinada principalmente por el mal desempeño del cobre. La industria manufacturera también anotó una baja del 1,7%, ligada a una menor elaboración de productos pesqueros.
El concepto de recesión técnica, definida como dos trimestres consecutivos con caídas medidas de forma desestacionalizada (ajustando los datos para eliminar efectos de temporada y hacer comparaciones válidas), ya está sobre la mesa de los economistas. Coopeuch, una de las cooperativas de ahorro y crédito más grandes del país, señaló en un reporte que no descarta esa posibilidad, aunque le asigna una probabilidad baja de materializarse.
El Presidente José Antonio Kast reconoció que el país "pasa por un momento complejo". La presión recae ahora sobre el Banco Central y el Ministerio de Hacienda: varios analistas anticipan que el instituto emisor debería comenzar a evaluar una baja en la tasa de política monetaria (TPM, el principal instrumento para estimular el crédito y la actividad económica) y que el gobierno podría activar medidas fiscales para impulsar la demanda interna.
