El negocio del litio vive un momento de reordenamiento profundo. Después de dos años con precios a la baja por exceso de oferta, los grandes actores del sector están tomando decisiones que marcarán la próxima década: más inversión, proyectos más ambiciosos y una concentración del poder en pocas manos.

La señal más concreta llegó desde Las Vegas, donde se realizó esta semana la Fastmarkets Global Lithium, Battery and Critical Materials Conference, evento de referencia para la industria del litio y los materiales para baterías. Ahí, Rio Tinto delineó un plan concreto: triplicar su producción de litio y transformar este mineral en su principal motor de crecimiento en los próximos años.

Los números son ambiciosos. La minera australiana proyecta producir al menos 61.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (CLe, la medida estándar del sector) en 2026, y llegar a las 200.000 toneladas anuales hacia 2028.

La apuesta no llega en un entorno fácil. Los precios del litio han caído más del 80% desde sus máximos de 2022, arrastrados por una sobreoferta que golpeó especialmente a los proyectos más pequeños y menos eficientes. Jérôme Pécresse, el ejecutivo a cargo de la división de aluminio y litio de Rio Tinto, explicó que el foco de la compañía está en construir operaciones competitivas incluso cuando los precios están deprimidos.

La lectura de mercado es que la minera apuesta al ciclo largo: aguantar el momento difícil para posicionarse bien cuando la demanda de vehículos eléctricos y baterías vuelva a presionar los precios al alza.

Desde Chile también llegan señales del mismo tipo. Novandino Litio, la empresa conjunta formada por SQM (la Sociedad Química y Minera, principal productora de litio del país) y Codelco (la estatal del cobre), ingresó este viernes a evaluación de impacto ambiental su proyecto insignia: Salar Futuro. La iniciativa contempla una inversión de US$3.000 millones para extender la producción en el Salar de Atacama hasta 2060.

El proyecto se suma al de Albemarle, la otra gran empresa que opera en ese mismo salar, que en marzo ingresó su propia iniciativa de US$3.100 millones. Entre ambos, el Salar de Atacama acumula más de US$6.000 millones en iniciativas litíferas en evaluación.

"El voto de confianza de Rio Tinto fue justamente lo que el mercado necesitaba", dijo Federico Gay, analista principal de litio en Benchmark Mineral Intelligence, consultora especializada en materiales para baterías. Gay destacó que la minera australiana es una de las primeras grandes empresas diversificadas del sector, es decir, compañías que explotan múltiples minerales a nivel global, en apostar con decisión por el litio.