Las crecientes exigencias regulatorias, la presión de inversionistas y los efectos del cambio climático están llevando a las organizaciones a incorporar la gestión hídrica dentro de sus decisiones estratégicas, financieras y operacionales. Durante años, la gestión del agua fue considerada principalmente un desafío ambiental y operativo.
Sin embargo, el escenario actual está obligando a las empresas a replantear esa mirada. Hoy, la disponibilidad hídrica comienza a influir directamente en decisiones de inversión, continuidad operacional, expansión de proyectos, relacionamiento con comunidades e incluso acceso a financiamiento.
En un país que acumula más de una década de megasequía y donde sectores estratégicos como minería, agricultura, energía, alimentos, construcción e industria dependen cada vez más de una gestión eficiente de los recursos naturales, el agua dejó de ser una preocupación exclusiva de las áreas ambientales para transformarse en una variable de negocio. «La crisis hídrica ya no es una amenaza futura.
Es una realidad que está impactando la operación de múltiples sectores productivos y que obliga a las empresas a incorporar nuevas variables de riesgo en su planificación», señala Daniela Corvalán, socia y gerente de Medioambiente de Proyecta Impacto expertos en estrategia y gestión ASG. De la operación a la estrategia El cambio más relevante no tiene que ver únicamente con la disponibilidad del recurso, sino con la forma en que las organizaciones están comenzando a gestionar este desafío.
Hasta hace algunos años, las iniciativas relacionadas con agua estaban concentradas en medición de consumos, cumplimiento normativo o proyectos de eficiencia operacional. Hoy la conversación es distinta.