Javier Olivares ya generaba anticuerpos en televisión mucho antes de entrar al Congreso. Hoy, Javito, convertido en diputado y figura política performática, sigue provocando reacciones similares, aunque en un escenario bastante más delicado que un estudio televisivo.

Su trayectoria resulta llamativa. Hace algunos años parecía improbable imaginarlo sentado en programas como «Tolerancia Cero», considerando que comenzó conduciendo «Tremendo Choque», aquel recordado clon de «Mekano» que intentó explotar el fenómeno juvenil de comienzos de los 2000.

En 2017 escribí sobre él cuando cubría huracanes en Miami para Univisión y daba un giro desde conductor de entretención hacia lector de noticias, enfundado en traje formal y utilizando un acento neutro internacional que evidenciaba su intención de reinventarse profesionalmente. Retorno como «líder de opinión».

Ese tránsito continuó en Radio Carolina, donde fue dejando atrás el perfil de animador juvenil para adoptar uno más confrontacional y opinante. Ahí ya aparecía el estilo que hoy explota en política: frases provocadoras, tono agresivo y búsqueda permanente de visibilidad.

El salto al Congreso terminó siendo la evolución natural de ese personaje mediático. Aunque su discurso parece mucho más cercano al mundo Republicano o NacionalLibertario, terminó recalando en el PDG de Franco Parisi, desde donde consiguió llegar a la Cámara de Diputados con poco más del 5% de los votos en el distrito 6.