Los precios de las entradas del mundial provocan que los hinchas deban recortar en todo lo demás La FIFA ha convertido el torneo de 2026 en un desafío económico para el aficionado medio Adrián Núñez (Langreo, Asturias, 40 años) ha seguido a España en casi todos los grandes torneos desde la Eurocopa de Francia de 2016. Es de los afortunados: consiguió sus entradas para el Mundial en diciembre, en la primera ronda de venta reservada para los socios de cada federación, entre las más baratas disponibles —los asientos de esta categoría son muy limitados y están ubicados en las esquinas superiores de los estadios—.
Irá a los dos primeros partidos de España en fase de grupos, ambos en Atlanta, y se desplazará en coche de alquiler desde Miami, alojándose en ciudades cercanas más baratas para amortiguar el golpe. Los aficionados consultados usan un léxico parecido para referirse a los precios de esta cita futbolística: “Desmedidos”, “desorbitados”, “abusivos”.
En fase de grupos, algunos partidos cuestan más que el salario mínimo mensual en España, de 1.221 euros. El organismo introdujo además una nueva tarifa de asientos de “primera fila”, lanzada después de las primeras rondas de venta, que generó indignación entre quienes creían haber adquirido los mejores dentro de su categoría.
Basta una comparación para dimensionar el fenómeno: en Qatar, la categoría más cara de entradas rondaba los 1.600 dólares, y 1.100 en Rusia. Para esta edición, cuando la FIFA puso los billetes a la venta, esa misma categoría subía a 8.680 dólares.
Con el sistema de precios dinámicos, que varían en función de la demanda, superaron los 30.000 dólares. “Debemos ser casi unos expertos matemáticos”, resumeAdrián Núñez.