Joarly Rodríguez habló con sus hijos por última vez el miércoles, a las 17:40. Veinte minutos después, dos sismos sucesivos sacudieron La Guaira, ciudad costera de Venezuela, y el edificio donde vivían sus tres hijos junto a su madre se vino abajo. Desde Santiago, donde reside hace cuatro años, Rodríguez solo pudo esperar.
La mujer trabaja como manicurista en la capital chilena. Llegó al país por un paso no habilitado y actualmente tiene solo su carnet de identidad venezolano. Tras enterarse de la tragedia, realizó una autodenuncia, el mecanismo que permite a migrantes en situación irregular regularizar su presencia en Chile, pero eso no le ha bastado para poder salir del territorio.
Cuando logró comunicarse con su hermano, quien sobrevivió porque estaba en la calle cuando ocurrieron los temblores, el relato fue devastador. "Cuando él volteó que escuchó un golpe, ya era tarde, porque el edificio ya se había caído", contó la mujer. Los derrumbes dejaron a los rescatistas enfrentando escombros y explosiones de gas. "A mi hermano se le quemaron las plantas de sus pies porque explotaron muchos balones de gas. Fue algo terrorífico", dijo Rodríguez.
La comunicación con su familia es casi imposible: en La Guaira no hay electricidad ni señal telefónica. La única forma en que supo del estado de su hermano fue a través de una llamada indirecta, mediada por la madre de su empleadora desde la ciudad de Aragua. "Me dijo que lo perdonara, que él no podía ver, no pudo hacer nada", recordó.
Desde entonces, Rodríguez recorre instituciones buscando cómo volver a Venezuela. Fue a la PDI (Policía de Investigaciones de Chile) y le dijeron que comprara los pasajes. En la agencia de viajes le informaron que sin autorización de la PDI no podía salir del país. De vuelta en la PDI, no obtuvo respuesta. El doble sismo acumula más de 900 muertos confirmados y la dejó sin sus hijos ni su madre, mientras la tramitación burocrática sigue sin darle una salida concreta.
Hasta el cierre de esta nota, los cuerpos de sus tres hijos, Issac, Isaías y Milagros, y el de su madre no habían sido recuperados de los escombros en La Guaira.
