La reciente decisión del Banco Mundial de destinar US$ 200 millones para fortalecer la competitividad y transparencia de la minería peruana envía una señal muy clara: el Perú sigue siendo visto como un país con enorme potencial para convertirse en un proveedor estratégico de los minerales que el mundo necesita. La iniciativa busca modernizar la información geocientífica, optimizar los procesos de permisos y fortalecer las capacidades institucionales del sector.

Son aspectos fundamentales para transformar recursos geológicos en inversión, empleo y desarrollo. Quien asuma la Presidencia de la República el próximo mes de julio debe comprender la magnitud de esta oportunidad y el momento decisivo que enfrenta hoy la minería global.

La transición energética, la expansión de las tecnologías limpias y la reconfiguración de las cadenas de suministro han convertido a los minerales críticos en recursos estratégicos para las principales economías del mundo. Países como Estados Unidos, China y miembros de la Unión Europea están redefiniendo sus estrategias para asegurar el abastecimiento de minerales indispensables para la electromovilidad, las energías renovables, la inteligencia artificial, los centros de datos y la infraestructura eléctrica.

PUBLICIDAD En ese escenario, el cobre ocupa un lugar central. Un vehículo eléctrico requiere entre tres y cuatro veces más cobre que uno convencional.

Las redes de transmisión, los parques eólicos, las plantas solares y los sistemas de almacenamiento energético demandarán volúmenes crecientes durante las próximas décadas. Diversos organismos internacionales coinciden en que la demanda mundial de cobre continuará creciendo sostenidamente hacia 2035 y 2040.