Ciudad de México, 24 may (EFE).- La Arquidiócesis Primada de México exigió a las familias no descuidar a niñas, niños y adolescentes durante la pasión y fiebre mundialista, al advertir que la emoción por el fútbol puede convertirse también en un periodo de sobreexposición digital, aislamiento y riesgos encubiertos en chats, videojuegos y apuestas. En un editorial publicado en el semanario católico Desde la Fe, la Iglesia mexicana señaló que el Mundial puede ser una oportunidad para convivir en familia, compartir emociones y construir recuerdos.
PUBLICIDAD Sin embargo, alertó que la pasión por el Mundial también puede convertirse espacio a rutinas alteradas, más tiempo frente a pantallas y una menor vigilancia afectiva sobre los menores. “¿Sabemos realmente qué está ocurriendo en la recámara de al lado?”, planteó la publicación, en un llamado a madres, padres y cuidadores para “observar con amor, escuchar con atención y acompañar con cercanía”.
PUBLICIDAD La Arquidiócesis sostuvo que, en medio del entusiasmo deportivo, las amenazas para las infancias no siempre llegan desde la calle o de personas desconocidas, sino directamente a través de un teléfono, una pantalla o unos audífonos. El mensaje aparece en la antesala del Mundial 2026, que comenzará el 11 de junio en Ciudad de México y se disputará hasta el 19 de julio en Canadá, Estados Unidos y México.
PUBLICIDAD La Iglesia advirtió que la fractura de los vínculos familiares puede expresarse en silencios prolongados, aislamiento, irritabilidad, insomnio, ansiedad, enojo constante, necesidad excesiva de privacidad, desconexión emocional o dependencia cada vez más intensa del teléfono celular. El editorial retomó además los planteamientos de la Semana del Buen Trato Infantil y de Personas Vulnerables, organizada por la Comisión para la Protección de Menores de la Arquidiócesis Primada de México, en la que especialistas, educadores y expertos compartieron herramientas para fortalecer vínculos familiares y construir entornos seguros.
PUBLICIDAD Según la publicación, el buen trato no consiste solo en evitar la violencia, sino en generar vínculos sanos, cercanos y emocionalmente presentes. “Un niño protegido no es aquel que tiene una puerta cerrada o una contraseña segura”, expuso, sino quien puede hablar, se siente escuchado y encuentra adultos atentos a sus emociones.