El gobierno de Kast realizó el cambio de gabinete más rápido desde el retorno a la democracia en Chile, apenas 69 días después de asumir el poder, en medio de cuestionamientos internos, errores comunicacionales y una creciente presión por la baja aprobación ciudadana de algunas figuras clave de La Moneda. La salida de Trinidad Steinert del Ministerio de Seguridad y de la vocera Mara Sedini no solo confirmó el desgaste prematuro de la administración, sino que además dio paso a una inédita fórmula política: tres biministros ejerciendo simultáneamente seis carteras estratégicas del Estado.

El movimiento dejó a Claudio Alvarado encabezando Interior y Segegob al mismo tiempo; a Luis De Grange liderando Transportes y Obras Públicas; y a Daniel Más manteniendo Economía y Minería. Una estructura poco habitual que, para distintos analistas, refleja más una necesidad de contención política que una señal de fortaleza institucional.

El analista político y académico de la Universidad de Santiago de Chile, René Jara, advirtió que la medida podría comprometer la capacidad de gestión del Ejecutivo. “La capacidad de gestión de los ministros siempre es una, se compromete si es que se les dan dos funciones”, sostuvo.

Aunque reconoció que el diseño marca un hito político, también planteó que se trata de un experimento cuyos resultados aún son inciertos. Según explicó, el desempeño de estos biministros será determinante para evaluar si el Gobierno busca eventualmente fusionar ministerios, una idea que Kast había deslizado durante su campaña presidencial como parte de una reducción del aparato estatal.

Sin embargo, las dudas sobre la efectividad de esta fórmula comienzan a instalarse incluso antes de que se puedan medir resultados concretos. La socióloga y analista política Eugenia Dos Santos fue más crítica con la decisión del Ejecutivo.