La Encíclica Rerum Novarum acaba de cumplir 135 años desde que fue publicada por el Papa León XIII, el 15 de mayo de 1891. Como sabemos, fue una Carta que nació en medio de la revolución industrial europea, cuando millones de obreros trabajaban largas jornadas, con bajos salarios y sin protección social.
Esta Carta tuvo el valor de hacer las preguntas pertinentes para su época. Hizo las reflexiones incómodas a partir de los efectos de la Revolución Industrial.
Abordó cuestiones centrales de la vida de ese momento: los abusos del incipiente mercado, la dignidad del trabajo para las personas y qué rol le cabía al Estado para enfrentar la desigualdad. En Chile, la discusión no ocurre en el campo patronal o en fábricas textiles del siglo XIX y XX.
Más bien ocurre en una sociedad donde la relación trabajo y empresa está en tensión por el cambio tecnológico y por un país que no logra el desarrollo que pretende. Por supuesto, recordar esta Carta en el año 2026 no supone repetir literalmente soluciones de siglos pasados, pero sí reconocer que las preguntas y reflexiones que formuló tienen una notable vigencia para la actualidad del país.
Es cierto que el mundo cambió, pero no cambió el problema de fondo: la tensión entre la economía individualista y su impacto en la vida de las personas. Al volver al espíritu que motivó la Rerum Novarum, vale la pena revisar tres ideas muy oportunas para el debate que ha provocado la Mega-Reforma presentada por el Gobierno del presidente Kast.