Cada 20 de agosto se celebra el Día Mundial de la Papa Frita, una fecha que en Chile no pasa inadvertida. Las cifras que compartieron las plataformas de delivery PedidosYa y Uber Eats confirman lo que cualquiera que camine por una feria o pida comida un viernes por la noche ya sabe: la papa frita es, junto al pan amasado y las empanadas, uno de esos alimentos que atraviesan clases sociales y regiones con la misma fuerza.
Según PedidosYa, Santiago concentró más de 2.400.000 unidades vendidas entre 2024 y 2025, seguida por Antofagasta con 400 mil y Concepción con 300 mil. La capital chilena, además, se posiciona como la tercera ciudad de Latinoamérica con más pedidos del producto, detrás solo de Buenos Aires y Lima.
Uber Eats entrega un mapa distinto. Ahí el primer lugar lo ocupa Valparaíso, seguida por Concepción, Santiago, La Serena y Rancagua. La papa frita, dice la plataforma, es uno de los productos más solicitados de la aplicación, con 5,5 millones de porciones pedidas solo en el último año.
Lo interesante no es solo cuánto se pide, sino cómo. Casi seis de cada diez pedidos que incluyen papas fritas las solicitan como plato principal, no como acompañamiento de una hamburguesa o un completo. Es un giro que habla de una relación más autónoma con el alimento, donde deja de ser el extra del menú para convertirse en protagonista.
Los horarios también cuentan una historia. El viernes duplica la demanda del lunes, y los días de pago, el 28, 29, 30 y 31 de cada mes, disparan los pedidos. La papa frita, entonces, funciona casi como un termómetro del ánimo colectivo: se celebra el fin de semana y se premia el sueldo recién cobrado.
Entre las variedades, las papas en gajos fueron las que más crecieron: la demanda se multiplicó 35 veces en los últimos doce meses, según Uber Eats. Y el récord de la temporada quedó en Santiago, donde una sola persona pidió 52 porciones en una misma compra, el 4 de noviembre del año pasado.
