Chile ante el desplazamiento forzado: más allá de la urgencia Por Rebeca Cenalmor Rejas, jefa de la Oficina de Acnur en Chile En un mundo marcado por conflictos persistentes y nuevas tensiones geopolíticas, el desplazamiento forzado se ha convertido en una de las expresiones más visibles de la incertidumbre global. Cerca de 117,8 millones de personas viven hoy lejos de sus hogares por la violencia y la persecución.
Y el dato más elocuente es también el más duro: siete de cada diez refugiados llevan años o décadas en esa situación, sin poder reconstruir plenamente sus vidas. No hablamos solo de cifras: hablamos de personas —niños, niñas, mujeres y jóvenes— marcadas por la incertidumbre y la exclusión.
En un mundo interconectado, lo que ocurre en otras regiones termina impactando al resto, y Chile no es una excepción. La historia y los números nos demuestran que el desplazamiento forzado no es una situación pasajera, sino una realidad estructural.
Y por eso el debate no puede quedarse en la urgencia. La verdadera pregunta no es cómo contener el fenómeno, sino cómo convertirlo en una oportunidad para construir una sociedad más fuerte.
Porque detrás de cada número hay una persona y una historia, y con cada una de esas historias hay trayectorias, talentos y conocimientos que quedan invisibles en el debate público. La experiencia internacional —y también la chilena— muestra algo que los estereotipos no alcanzan a capturar: cuando existen condiciones reales de inclusión, las personas refugiadas trabajan, emprenden, estudian y contribuyen activamente a la economía, la cultura y la vida social de los países que las acogen.