El equipo del presidente electo José Antonio Kast intensificó esta semana una ofensiva comunicacional para preparar a la opinión pública ante un panorama fiscal más ajustado de lo esperado, a pocas semanas del traspaso de mando el 11 de marzo. La estrategia busca fijar desde ya la narrativa y dejar espacio político para medidas que podrían ser impopulares.
Los documentos oficiales recientes muestran que el balance fiscal se deterioró: el déficit estructural proyectado para 2025 subió desde 2,2% a 3,6% del PIB. Producto Interno Bruto, o PIB, es el valor de todos los bienes y servicios que produce un país en un año. Esa cifra está lejos de la meta de 1,1% que se fijó durante la gestión de Mario Marcel, entonces ministro de Hacienda, y que hoy reclaman sectores de la derecha.
La Dirección de Presupuestos, Dipres, explicó la semana pasada que el problema actual está en los ingresos y no en el gasto. Javiera Martínez, directora de la Dipres, dijo en Tele13 Radio que "hoy día tenemos un problema en los ingresos y no en el gasto", en referencia a una recaudación menor a la prevista. Dipres es la unidad del Ministerio de Hacienda encargada de las proyecciones y el cálculo del balance fiscal.
En la Oficina del Presidente Electo, OPE, que agrupa al equipo de coordinación de Kast, la interpretación es más política que técnica: sostienen que durante la campaña se subestimó la magnitud del desbalance y que ahora los números les dan la razón. OPE es la Oficina del Presidente Electo, la instancia que prepara el gobierno entrante.
El propio José Antonio Kast retomó el tema al volver de vacaciones y enfatizó que durante la carrera electoral insistieron en debatir el déficit fiscal. El equipo llegó a anticipar de manera explícita que "habrá que disminuir el gasto", frase que prepara a la ciudadanía para posibles recortes en programas o transferencias.
La alusión a la frase "No hay plata" que pronunció el presidente argentino Javier Milei en su asunción, y que Kast presenció en diciembre de 2023, funciona como una referencia simbólica para explicar el tono del mensaje: no se trata de una réplica del estilo de Milei, pero sí de instalar la idea de límites en el gasto público.
¿Qué significa esto para la gente común? Si el déficit persiste, las opciones clásicas son tres: aumentar ingresos vía impuestos o medidas tributarias, recortar gasto público, o combinar ambas. Cada alternativa tiene ganadores y perdedores: ajustes en el gasto suelen afectar programas sociales o inversión pública, mientras que subir impuestos pesa en el bolsillo de empresas y consumidores. Es una decisión política que exigirá negociación con el Congreso.
A partir de ahora, el foco estará en el equipo económico del presidente electo y en los primeros pasos que anuncie el futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. No hay todavía un detalle cerrado de medidas, por lo que la discusión pública y legislativa será determinante. El desafío es convertir ese diagnóstico fiscal en un plan creíble que combine sostenibilidad y protección de los grupos más vulnerables, sin que el ajuste ahogue la recuperación económica.
En las próximas semanas será clave ver cómo el gobierno saliente, encabezado por el presidente Gabriel Boric, responde a estas críticas y qué propuestas concretas presenta el gobierno entrante antes del traspaso de mando. El tiempo y la negociación política definirán si el país opta por ajustes rápidos, medidas temporales o un programa más gradual para corregir el rumbo fiscal.