En un local a pasos del Metro Santa Isabel, en pleno Santiago, tres artistas chilenos convirtieron el maquillaje en un territorio de fuga y provocación. MUTO STUDIO es el nombre del proyecto que fundaron Javivi Misle (32), Fernanda José, conocida como Bruja Negrx (29), y Krystal Doll (22), un espacio donde la caracterización prostética, el drag y la belleza convencional se cruzan sin pedir permiso.

El nombre no es casual. "Todo lo que hacemos muta; nunca es una cosa, siempre son más y vas avanzando y escalando", explica Fernanda, quien junto a sus socios entiende el maquillaje FX (efectos especiales, técnica que usa prótesis y materiales especiales para transformar rostros y cuerpos, habitual en cine de terror y fantasía) como una herramienta narrativa, no solo estética.

La historia del trío arrancó en la pandemia, ese periodo que para muchos creadores chilenos se transformó en un laboratorio forzado. Javivi venía del mundo del drag y la creación de contenido digital cuando fue contactado por Franklin Athos, maquillador chileno con una trayectoria reconocida en la industria audiovisual local, quien terminó convirtiéndose en su mentor.

Fernanda llegó por otro camino. En pleno encierro, dejó las carreras de Publicidad y Cine para tomar cursos de maquillaje como una forma de despejar la cabeza. Ese giro la llevó a integrarse como asistente de Athos en distintos proyectos, entre ellos la serie chilena Cecilia, la incomparable, basada en la vida de la cantante Cecilia La Incomparable.

Krystal fue la última en sumarse. Llegó al maquillaje buscando un refugio después de una etapa personal difícil y una experiencia universitaria que no la convenció. Conoció a Javivi como alumna en una academia y, tras ver su talento, este la recomendó para trabajar como asistente en dos videoclips junto a Fernanda. Ahí nació la conexión que terminaría por consolidar al trío.

"Llegamos a ser esta amistad de los tres que pasábamos todos los días en la casa de Javivi", recuerda Krystal sobre los primeros meses, cuando el living de su compañero funcionaba como taller improvisado para esculpir moldes y experimentar con materiales.

Ese espacio doméstico terminó quedando chico. La necesidad de un lugar propio, con condiciones para trabajar en serio con prótesis y moldes, fue el empujón final para abrir MUTO STUDIO, un proyecto que hoy combina producción audiovisual, maquillaje editorial y efectos especiales bajo un mismo techo en la capital.