El desafío de ciberseguridad no es (solo) tecnológico JAIME CAREY Presidente ejecutivo Carey Durante años, la ciberseguridad se entendió como un asunto tecnológico. Firewalls, antivirus y equipos especializados concentraban gran parte de la conversación.
Sin embargo, el funcionamiento cotidiano de las empresas cambió más rápido que sus mecanismos tradicionales de control. La transformación digital multiplicó accesos, integraciones, proveedores y flujos de información a una velocidad que muchas organizaciones no logran gobernar del todo.
Hoy, una compañía puede operar con plataformas cloud, servicios tercerizados, inteligencia artificial, dispositivos personales y cadenas de proveedores interconectadas, muchas veces sin visibilidad integral sobre quién accede a qué ni cómo. El Global Cybersecurity Outlook 2025 del World Economic Forum advierte que el entorno digital se ha vuelto más complejo debido a tensiones geopolíticas, tecnologías emergentes, interdependencia de cadenas de suministro y creciente sofisticación del cibercrimen.
Parte importante de esa exposición no surge sólo de ataques sofisticados. También aparece en la operación cotidiana: accesos activos tras el término de contratos, integraciones de terceros insuficientemente supervisadas o proveedores con estándares dispares de seguridad.
En ese contexto, la discusión sobre ciberseguridad entra en una nueva etapa. El desafío ya no descansa sólo en proteger infraestructura tecnológica, sino en gobernar ecosistemas digitales cada vez más interdependientes.