Durante las actividades del 8M en Europa se proyectó una película polaca que narra un romance en línea que, tras la convivencia, deriva en violencia psicológica, física y simbólica, y abrió un debate público sobre el hogar como espacio que no siempre protege. La proyección coincidió con la atención al tema del 8 de marzo, y acumuló reacciones por el impacto social que la cinta ya venía registrando en Polonia.
La directora del Instituto Polaco de Cultura, Maria Ålebioda, explicó en un comunicado que la película “ha tenido mucha repercusión en Polonia”: según su relato, el número de llamadas a la línea de apoyo a víctimas se ha incrementado por dos tras su estreno. Desde su lanzamiento en noviembre de 2025, la cinta ha sumado más de 2,2 millones de espectadores en salas polacas y recibió 13 nominaciones a los Premios Orły, los principales galardones del cine en Polonia.
Tras la proyección se organizó un debate en el que participaron voces del periodismo y la psicología, además de representantes de la industria audiovisual. Elena Cabrera, redactora jefa de Cultura de eldiario.es, planteó la dificultad del periodismo para abordar la violencia sexual porque, dijo, muchas de esas historias ocurren en la intimidad y sin testigos. Olga Barroso, psicóloga especializada en violencia de género y escritora, advirtió que “la violencia de género tiene muchísimas manifestaciones”, y describió cómo los abusos suelen comenzar con conductas aparentemente protectoras que luego se vuelven sutiles y ambiguas.
Judith Colell, presidenta de la Academia del Cine Catalán y cofundadora de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), se refirió a las medidas internas contra los abusos en la industria. Colell afirmó que la Academia fue de las primeras en Europa en crear un Departamento contra los abusos; la nota original no especifica en detalle el alcance del protocolo ni su fecha de implantación, por lo que esos aspectos quedan sin precisar en la información disponible.
La recepción de la película y los testimonios del debate subrayan un punto recurrente: la violencia de género no es solo un fenómeno privado, sino un asunto público que requiere respuestas desde la salud mental, el periodismo responsable y las instituciones culturales. Que una obra polaca movilice llamadas de auxilio y provoque sesiones públicas en distintas ciudades europeas revela, además, la universalidad del problema y la posibilidad del cine como detonante de políticas y protocolos.
Para Chile y América Latina, donde los reclamos por violencia de género permanecen en la agenda ciudadana y efectúan movilizaciones cada 8 de marzo, la película aporta una lente europea sobre dinámicas que muchas organizaciones locales reconocen. El debate continuará en marzo, cuando organizaciones, instituciones culturales y medios enfrenten la pregunta de cómo traducir sensibilidad cultural en medidas concretas de protección y acompañamiento a víctimas.