Abbas Araqchi, canciller de Irán, llegó este domingo a Bagdad con una agenda que combina diplomacia bilateral y gestión de crisis. La visita ocurre mientras Irak trata de mantener su posición de intermediario en un conflicto regional que desborda sus fronteras.
La reunión con Fuad Hussein, ministro de Exteriores de Irak, abordó el estrecho de Ormuz, el conflicto en Líbano y los acuerdos entre Irán y Estados Unidos. Ormuz es el principal corredor de tránsito petrolero del Golfo Pérsico. El estrecho permanece bajo presión desde que las hostilidades entre Teherán y Tel Aviv se intensificaron.
En la rueda de prensa conjunta, Araqchi advirtió que la interferencia externa en la gestión del estrecho podría retrasar su reapertura. También podría agravar las tensiones en la zona.
El canciller exigió a Washington que presione a Israel para detener sus operaciones en Líbano. Según explicó, un memorando de entendimiento entre Teherán y Estados Unidos contempla ese compromiso. La retirada israelí de Líbano forma parte del acuerdo.
Hussein respaldó la aplicación de esos acuerdos. Sostuvo que cumplirlos podría facilitar la reapertura del estrecho y el levantamiento del bloqueo económico impuesto a Irán.
La visita también tiene una dimensión interna. Bagdad intenta someter al control del Estado a grupos armados alineados con Teherán. La presencia de Araqchi en la capital iraquí envía un mensaje a esos grupos: Irán e Irak hablan de Estado a Estado.
Araqchi presentó además una propuesta de marco de seguridad regional que integre a todos los países de la zona sin interferencia extranjera. Esmail Baqaei, portavoz de Exteriores de Irán, lo había anticipado antes del viaje: el vínculo con Irak es, según sus palabras, "una prioridad absoluta para Teherán".

